|
Cuentan que muchos de los extranjeros que pasan por México
caen abatidos por una intensa diarrea, a consecuencia de alguna exótica
presencia en el agua. La tendencia ha sido bautizada informalmente como
"La venganza de Moctezuma", en referencia al segundo emperador
azteca con ese nombre que debió doblegarse frente al conquistador
Hernán Cortés. Este tipo de reacción orgánica
no es una casualidad, y es que aunque la historia suene curiosa y pintoresca,
la realidad explica que el agua mexicana contiene bacterias que resultan
nocivas para quienes no cuentan con una resistencia natural contra ellas.
"Si una persona vive donde la
incidencia de una bacteria es poca, y se traslada a un lugar en el que
la presencia del mismo agente es muy alta, puede presentar un cuadro diarreico.
Eso suele pasar cuando los turistas de países desarrollados visitan
países subdesarrollados. En su entorno, cada quien tolera mejor
las bacterias que le rodean. Muchos lugares se ven favorecidos por las
condiciones climatológicas, porque un invierno severo limita a
gran cantidad de microorganismos, por ejemplo", revela el gastroenterólogo
Leopoldo Pérez.
El especialista asevera que el cuerpo
humano logra rechazar muchas de las bacterias de su entorno gracias a
su adaptación al medio ambiente. "Todos los días se
ingieren bacterias y productos químicos, y normalmente el organismo
es capaz de rechazar todas estas noxas sin síntoma alguno".
No obstante, todavía algunos microorganismos se las arreglan para
hacer estragos en el organismo mediante las conocidas intoxicaciones por
alimentos, en las que los intestinos se ven obligados a expulsar agentes
nocivos que no reconocen.
"Los primeros síntomas
de una intoxicación por alimentos suelen manifestarse tres o cuatro
horas después de haber consumido un elemento contaminante, con
una intensidad variable de persona a persona", dice Pérez.
La prontitud o lentitud en su aparición viene dada por varios factores,
como el grado en el que el paciente suele masticar los alimentos o por
la concentración de los ácidos gástricos, que son
el primer escudo que sirve de bloqueo al ingreso de sustancias nocivas
al organismo. Cuando hay una secreción adecuada de ácidos,
estas señales pueden tardar más en aparecer.
Enemigos ocultos. Pérez clasifica
esos procesos de intoxicación en tres categorías: pueden
producirse por bacterias, virus y sustancias químicas. De éstas,
las más comunes en la alimentación son las dos primeras.
En el caso de que intervengan bacterias dañinas, la mayor parte
de estos procesos tiene una evolución autocontrolada: esto significa
que en líneas generales, el cuerpo está en capacidad de
defenderse de tales microorganismos sin necesidad de medicamentos, a través
de mecanismos como las náuseas, el vómito y la diarrea.
El especialista explica que raramente
los pacientes necesitan tratamiento antibacteriano. Sólo en caso
de infecciones entéricas prolongadas, la diarrea aparece por más
de tres días y se presume la presencia de bacterias específicas
que serán tratadas con antibióticos. "En situaciones
como ésa, se requiere un análisis previo de los elementos
que hay en las heces, para determinar si esas bacterias son anormales
o distintas a las que el organismo está habituado a manejar cuando
procesa los alimentos".
Una de las primeras causas de intoxicación
por bacterias es el consumo de carnes mal preparadas; especialmente la
carne molida, que a veces no recibe la suficiente cocción y se
come medio cruda. "Cuando se cuece bien en un guiso o una parrilla,
se mueren las bacterias presentes allí. El caso clásico
es la hamburguesa que no está bien conservada: allí la proliferación
de bacterias es brutal y puede ser grave por algunas infecciones por escherichia
coli enteropatógena con consecuencias muy graves, entre las que
se cuenta la insuficiencia renal". Pérez asegura que este
tipo de intoxicación es muy común en el consumo de las llamadas
"balas frías", cuyos ingredientes suelen preservarse
en condiciones inadecuadas.
También se corre el riesgo
de presentar una infección por salmonella con el consumo de huevos
o aves de corral mal conservados o a media cocción. "Y otros
alimentos riesgosos, si no se almacenan bien, son los lácteos.
Allí la proliferación de estreptococos y estafilococos es
una causa muy frecuente de intoxicaciones. Por lo general, estas bacterias
producen alteraciones limitadas y autocontroladas", señala
el especialista.
Ya en el ámbito viral, "los
agentes que también pudieran producir síntomas como diarrea
y vómito son los llamados enterovirus, que son estacionales y aparecen
con mayor regularidad por la llegada de las lluvias. La lluvia atrae las
moscas, y con ellas, la contaminación. Los enterovirus producen
fiebre, cólicos y vómitos". Sin embargo, Pérez
indica que este tipo de intoxicación no es tan importante en los
adultos como en los niños. "Suele ser autocontrolado en los
adultos; es la típica diarrea de alguien que comió algo
en un restaurante o en la calle, que viene acompañada con náuseas
y vómitos y que al poco tiempo se quita. Generalmente, las intoxicaciones
virales producen menos fiebre que las bacterianas".
¿Qué hacer? Tal vez
la tendencia más inmediata sea detener a toda costa uno de los
síntomas más incontrolables de la intoxicación, como
la diarrea. Pero si se interrumpe la defecación y realmente hay
una bacteria dañina, se impide que el organismo se defienda. La
diarrea es una reacción en la que se expulsan líquidos y
se disminuye la absorción intestinal para eliminar las toxinas.
"El uso de sustancias antidiarreicas pudiera ser discutible, ya que
la mayor parte de los pacientes se curan solos", acota Pérez.
El especialista asegura que hay bacterias
que producen molestias no por su naturaleza de bacterias, sino por las
toxinas que generan, como los estafilococos y estreptococos. "Por
eso es que no se emplean antibióticos en esas situaciones, porque
estos medicamentos no hacen ningún efecto para combatir las toxinas".
Pérez recalca que el uso de los mismos no debe implementarse hasta
que no se verifique la existencia de un patrón de infección
mediante exámenes de laboratorio. En cualquier circunstancia, es
el especialista quien debe decidir el uso de determinadas sustancias,
según el caso. "En esas situaciones, también se toma
en cuenta la edad del paciente, porque no es igual una diarrea en un niño
que en un anciano".
Después de la aparición
de los síntomas, los principales recursos para el restablecimiento
son el reposo intestinal y la paciencia. Por lo general, molestias como
la diarrea o los vómitos tienden a desaparecer progresivamente
con el paso de las horas, siempre que se guarde cierto respeto alimenticio
frente a la frágil situación del sistema.
Por ello es necesario suministrar
muchos líquidos o soluciones hidratantes. Otra medida importante
es evitar comidas pesadas o grasosas y limitar el consumo de productos
cítricos y lácteos, durante y después de las evacuaciones.
"Las enzimas que procesan estos alimentos disminuyen cuando hay una
diarrea y el organismo no los tolera bien", explica Pérez.
Alimentos como el jugo de manzana o las galletas de soda no suelen ser
rechazados con tanta velocidad y le dan una tregua a los intestinos para
que se recuperen.
|